Charlotte Caniggia y Marta Fort: las herederas de dos apellidos famosos que conquistaron la cámara (y al público) con su propio carisma
Por mucho tiempo sus apellidos hablaron por ellas. Antes de que pudieran construir una identidad propia frente a las cámaras, Charlotte Caniggia y Marta Fort ya eran famosas. No por sus trabajos, sus talentos o sus apariciones televisivas, sino por haber nacido en dos de las familias más extravagantes y mediáticas de la Argentina. Sus vidas parecían transcurrir en un universo de lujos, viajes, mansiones y excentricidades muy alejado de la realidad de la mayoría de los espectadores.
Una creció entre los flashes que perseguían a Claudio Paul Caniggia y Mariana Nannis, una de las parejas más particulares del espectáculo argentino. La otra nació bajo la mirada de un país que seguía con fascinación cada movimiento de Ricardo Fort, el empresario chocolatero que convirtió su fortuna, su personalidad y su vida privada en un verdadero espectáculo televisivo (murió en noviembre del 2013).
Sin embargo, con el paso de los años, ambas encontraron la manera de correrse de aquella imagen de niñas ricas que parecía definirlas. Y, curiosamente, lo consiguieron sin renunciar a sus personalidades ni intentar convertirse en alguien más. Por el contrario, fue justamente su naturalidad, su particular sentido del humor y una inesperada (y aparente) sencillez lo que terminó por conquistar al público.
Charlotte lo demostró en Gran hermano, donde llegó a convertirse en una de las finalistas. Marta, por su parte, transita un proceso parecido en MasterChef Celebrity, donde bastaron unas pocas emisiones para que empezara a perfilarse como una de las participantes favoritas.
Charlotte prácticamente nació siendo famosa. Su infancia transcurrió entre la Argentina y Europa, rodeada de los privilegios que le proporcionaban la carrera futbolística de su padre y la fortuna familiar. Pero fue su madre, Mariana Nannis, quien contribuyó a construir una imagen pública asociada con el lujo, las marcas internacionales y una vida sin demasiadas preocupaciones económicas.
Cuando comenzó a aparecer en televisión, Charlotte asomaba como una extensión de aquel universo. En el Bailando por un sueño, su manera de hablar, sus ocurrencias y su aparente desconocimiento de situaciones cotidianas la convirtieron rápidamente en un personaje televisivo. Para muchos, era simplemente una chica rica que vivía en una realidad completamente distinta de la del resto de los argentinos.













