Por qué vale la pena ver "Tyson", la serie documental sobre uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos
A los pocos minutos del primer episodio, Mike Tyson pronuncia una frase que condensa el espíritu de la serie: “Cuando la cámara se enciende, surgen los demonios”. La sentencia abre la puerta a Tyson, la nueva miniserie de Netflix sobre la vida de uno de los mejores boxeadores de peso pesado de todos los tiempos.
La producción de la plataforma, de cuatro episodios de una hora cada uno, está narrada en el formato clásico del documental biográfico, con imágenes de archivo, entrevistas y testimonios que reconstruyen cada etapa de su vida bajo los títulos Poder, Codicia, Confianza y Humano.
Desfilan ex promotores, periodistas deportivos, amigos de la infancia, familiares, entrenadores y otros boxeadores, además de Tyson y hasta el propio Donald Trump, que promocionó una de sus peleas.
Desde el primer episodio, la serie de Floyd Russ propone la idea de la cámara y los demonios. El recorrido arranca con la historia de aquel chico criado en Brownsville, un barrio pobre de Brooklyn, que robaba billeteras, se peleaba en la calle y acumulaba decenas de detenciones antes de la mayoría de edad. La reconstrucción es amplia, entretenida y bien documentada.
De todas formas, la serie no se detiene en esa infancia ni la convierte en una coartada. También expone la codicia de los representantes, la influencia de Don King, el dinero que se esfumó, las agresiones y el comportamiento violento del boxeador. Incluso aborda, sin rodeos, la condena por violación de 1992, por la que Tyson recibió seis años de prisión.













