Una de supervivencia, pero dentro de una ballena
Las películas de supervivencia se están transformando en un género en sí mismo. En él podemos englobar desde títulos como Gravedad, de Alfonso Cuarón, hasta el más reciente El corazón de la bestia, con Brad Pitt, y esta semana se suma a la lista La caída de la ballena, en la que el protagonista no está en el espacio, tampoco en una desierta Alaska sino… en el estómago de una ballena.
El asunto es así. Jay (el muy demandado Austin Abrams, que de The Walking Dead y Euphoria pasó a la pantalla grande recientemente con La hora de la desaparición y Resident Evil: Noche cero) se lanza a las profundidades del océano en California en busca de los restos de su papá Mitt (Josh Brolin).
Mitt era un experto buceador, que sufría de un terrible cáncer y que decidió, en vez de entregar su cuerpo a un tratamiento, lanzarse al mar con pesas y morir en el mar.
Como se imaginarán, Mitt era de esos típicos hombres rudos del mar, muy sabio en lo suyo, pero que no conectaba con Jay. Por más que deseaba pasarle sus conocimientos, lo hacía de manera torpe y en vez de lograr empatía con Jay, bueno, terminó siendo todo lo contrario.
Y ahí lo tenemos ahora al joven Jay, que regresa a la casa en la costa y sin contárselo a nadie, se lanza a buscar después de un tiempo los restos de Mitt, cuyo cadáver nunca fue hallado.
Y como decíamos al comienzo, por esas cosas de la vida y de la novela de Daniel Kraus -ganador del Pulitzer no por Whalefall-, Jay termina tragado por una ballena de 60 toneladas. Como Pinocho, sí, porque se lo engulle entero, sin mordeduras.













