Marcelo Vaccaro, el bajista que hizo sonar las canciones de los grandes del rock y, a los 58 años, se animó a cantar las propias


Antes de que empiece la entrevista, Marcelo Vaccaro prepara un café con leche y acerca un plato con alfajorcitos de chocolate blanco. Apenas alcanza para romper el hielo, cuando trae una pila de fotografías que, admite, había preparado antes de que Clarín llegara a su departamento de San Telmo. Allí vive desde que regresó a la ciudad hace apenas cuatro meses después de pasar nueve años en San Bernardo.

Mientras las imágenes empiezan a desfilar sobre la mesa, Georgina, su gata y compañera desde la pandemia, salta a sus piernas y se queda allí mientras él la acaricia y comienza a narrar cada fotografía.

"Es en el hotel Eurobuilding, en Caracas, Venezuela", dice mientras acerca una fotografía en la que aparece junto a Gustavo Cerati. Los dos rondan los veintipico, lucen largas cabelleras enruladas. Después, una con sus colegas María Gabriela Epumer y Ulises Butrón. "Grandes giras. Los amaba. En la casa de ellos era una fiesta cuando iba", recuerda. La siguiente la tomó él mismo desde el escenario: Fito Páez aparece iluminado por las luces del show. "Se la mandé porque me la pidió para uno de los libros que escribió", cuenta contento sobre su aporte en Infancia y juventud.

Durante cuatro décadas aportó con su bajo a que otros brillaran sobre el escenario. Su recorrido lo llevó desde La Guardia del Fuego (Ulises Butrón en la voz) hasta la banda de Alejandro Lerner, pasando por Fito Páez -en la etapa de Tercer Mundo-, Luis Alberto Spinetta, Fabiana Cantilo, Bandana, Axel, Carlos Baute y la dirección musical de Amaia Montero, la histórica voz de La Oreja de Van Gogh. Durante todo ese tiempo hizo sonar las canciones de otros. Hasta que sintió que había llegado el momento de contar las propias.

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A los 58 años, Vaccaro acaba de publicar La era de mar, su primer álbum como solista, de cuatro canciones, que nació durante la casi década que vivió en el partido de La Costa. Allí encontró inspiración en el paisaje costero, pero también el tiempo para detenerse, mirarse hacia adentro, perdonarse, pasar tiempo solo después de vivir casi toda la vida en pareja y escribir sin pensar en plazos ni expectativas.

Hoy, mientras continúa integrando la banda de Alejandro Lerner, transita una etapa completamente distinta. "Soy bajista y siempre lo voy a ser. Pero también amo la música", dice sobre el rol que cumplió toda su vida.

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