Gustavo Bermúdez: "Es la obra con la que más me reí en la vida"
Hay comedias de eficacia probada, que siempre están a mano cuando lo que se pretende es asegurarse la risa y la diversión del público. Un caso ejemplar es La cena de los tontos, que desde su estreno en marzo de 2025 en el Teatro El Nacional, viene sumando funciones a sala llena, ya superó los 200.000 espectadores y se convirtió, según sus propios productores, en el fenómeno teatral más convocante de los últimos años en la Argentina. Ahora, después de recorrer Uruguay, Rosario, Santa Fe y Entre Ríos, llega por primera vez a Mendoza: el sábado 13 de septiembre, a las 20.30, en el Cine Teatro Plaza de Godoy Cruz (Colón 27), con entradas disponibles tanto online como en la boletería del teatro.
Dirigida por Marcos Carnevale, la pieza está protagonizada por Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández, con un elenco que completan, entre otros, Esteban Prol y Guillermo Arengo. Detrás de la producción general hay un equipo pesado: Adrián Suar, Guillermo Francella, Pablo Kompel, Federico Hoppe, Ezequiel Corbo, Luis Penna y Diego Djeredjian.
Ese último dato no es menor, y ayuda a entender por qué esta versión pesa distinto. Suar y Francella no llegan a La cena de los tontos como productores ocasionales: son, en rigor, quienes instalaron esta comedia en la Argentina hace un cuarto de siglo. En el año 2000 protagonizaron la primera versión local, que venía de ser un suceso arrollador en Francia, y con esa puesta construyeron uno de los hitos de la comedia teatral argentina de las últimas décadas. Que ahora vuelvan a poner el cuerpo —esta vez detrás de escena, como productores— a una nueva versión con otro elenco es, de algún modo, una forma de reafirmar aquel diagnóstico que tuvieron entonces: que ese texto, bien llevado a escena, es una máquina infalible de generar risa.
Porque el material tiene historia, y una historia sólida. La cena de los tontos es la versión argentina de Le Dîner de Cons, la obra que el dramaturgo francés Francis Veber estrenó en París en 1993 y que corrió durante más de 900 funciones antes de que él mismo la llevara al cine. La película, estrenada en abril de 1998 bajo el mismo título original —conocida entre nosotros como La cena de los idiotas—, con Jacques Villeret y Thierry Lhermitte a la cabeza, se convirtió en la película francesa más taquillera de ese año y ganó tres premios César. Su premisa, tan simple como despiadada, no envejeció un día: un grupo de amigos organiza cenas semanales en las que cada uno debe presentar como invitado a la persona más "tonta" que consiga encontrar, para burlarse de ella entre todos. La función, claro, no sale como estaba planeada.
Ese texto —traducido, adaptado y reversionado ya varias veces en distintos idiomas y países— es el que ahora, veintiséis años después del estreno de la película y con dos décadas de recorrido propio en la Argentina, vuelve a subirse a un escenario mendocino. Y lo hace de la mano de Gustavo Bermúdez, quien se sumó al elenco reemplazando a Mike Amigorena y encontró en esta comedia una experiencia que, según cuenta en la entrevista con Estilo, no había vivido antes ni como espectador ni como actor: la de un material capaz de garantizar, función tras función, la misma reacción desbordada del público.
Bermúdez llega a Mendoza en un momento particular de su carrera. Después de años ligado sobre todo a la ficción televisiva —protagonizó telenovelas como Nano, Celeste y Somos Familia, entre muchas otras— y de un parate prolongado en el teatro, encontró en esta comedia el material que, según admite, lo hizo volver a subirse a un escenario con gusto y con frecuencia. En esta charla, el actor habla de ese regreso, de lo que significa correrse del perfil de galán dramático con el que se lo asocia hace décadas, de la caída de la ficción en la televisión abierta argentina y de una mirada más amplia sobre el estado de la cultura y la producción audiovisual nacional.













