El regreso de Otello al Colón: celos, poder, manipulación, violencia y tragedia de un hombre que sólo quiere volver al origen
Hay algo profundamente moderno en Otello: nadie necesita demostrarle nada al personaje. Basta con sembrar una duda. A partir de ese instante, la sospecha empieza a comportarse como una certeza y la imaginación ocupa el lugar de los hechos. Shakespeare lo había entendido; Verdi y Boito lo llevaron a una dimensión musical en la que la tragedia parece desarrollarse a una velocidad vertiginosa, como si el protagonista no tuviera tiempo siquiera de pensar antes de actuar. La ópera llega al escenario del Colón este viernes 14 de agosto y tendrá funciones hasta el 25.
Estrenada en La Scala de Milán en 1887, Otello llegó después de un largo silencio operístico de Verdi. El compositor tenía entonces 73 años y podría haberse retirado definitivamente. En cambio, volvió con una obra que se aparta de la imagen del Verdi monumental de Don Carlo o Aida. Aquí no hay grandes escenas concebidas para el lucimiento aislado: la música parece comprimida y siempre en movimiento. El famoso comienzo, con la tormenta que irrumpe sobre Chipre, no funciona como simple espectacularidad: desde los primeros compases, el mundo de Otello aparece como un territorio sin estabilidad.
Boito realizó una operación radical sobre Shakespeare: eliminó buena parte de la acción secundaria y concentró el relato en el triángulo formado por Otello, Iago y Desdémona. Esa condensación explica buena parte de la extraordinaria velocidad dramática de la obra. El resultado es casi cinematográfico: cada escena parece empujar inevitablemente hacia la siguiente.
Pero también plantea un desafío para cualquier puesta contemporánea. ¿Cómo representar hoy una historia en la que el mal no aparece como una fuerza sobrenatural, sino como una inteligencia capaz de detectar y explotar las debilidades de los demás? ¿Cómo evitar que Iago sea simplemente “el villano”? ¿Cómo construir un Otello que no sea solamente víctima de una conspiración, sino un hombre cuya propia inseguridad termina colaborando con la tragedia? ¿Y cómo mirar a Desdémona más allá de la imagen tradicional de la esposa pasiva y sacrificada?
Sobre esos mecanismos -los celos, el poder, la manipulación, la soledad, el prejuicio y la violencia, pero también sobre la extraordinaria modernidad de la música de Verdi- gira esta conversación con Fabio Sparvoli, director de escena de la nueva producción entre Teatro Colón y el Auditorio de Tenerife que subirá el viernes, con dirección musical de Alejo Pérez y la participación de la Orquesta Estable y el Coro del Teatro Colón.
Fabio Sparvoli tiene una extensa trayectoria en teatro y ópera. Formado teatralmente, trabajó entre 1982 y 1989 junto a Giorgio Strehler en el Piccolo Teatro de Milán y, desde 1984, colaboró con Roberto De Simone en diversas producciones líricas. Su carrera abarca un repertorio que va de Verdi, Puccini y Donizetti a la ópera contemporánea, con una atención particular al vínculo entre dramaturgia y música.













