El gran Ricky Gervais se prueba en la animación: el creador y protagonista de la conmovedora "After Life" presenta "Gatos callejeros", no apta para niños
Un gato callejero y malhablado le pregunta a otro, elegante y doméstico, cómo es la vida en una casa familiar. “Me tratan bien”, responde. El callejero retruca: “Si para vos tratarte bien es cortarte los testículos…”. Ese diálogo es una pequeña muestra del humor de Gatos callejeros, la serie animada para adultos que acaba de estrenar Netflix.
La producción no apta para menores, escrita, dirigida y encabezada (con la voz, al menos) por Ricky Gervais (The Office y After Life), tiene seis episodios de unos quince minutos cada uno, que siguen los días y las noches de una pandilla de felinos callejeros sin hogar, liderada por el misántropo Gus, al que, por supuesto, le pone voz Gervais.
Cada uno de los capítulos tiene un formato similar. Gus y sus amigos se sientan en el sofá de una casa abandonada, improvisan conversaciones mirando televisión -generalmente documentales- y deambulan por la ciudad siguiendo una trama apenas definida.
La animación es simple pero efectiva, acorde con la propuesta de una miniserie protagonizada por gatos callejeros y desvergonzados que no necesitan verse demasiado bellos.
En esas largas tertulias gatunas aparece la mirada filosa de Gervais. “Nada de lo que digas es interesante. No olvides eso”, le dice un gato al otro. Los animales callejeros, los hogareños y uno pequeño perdido hablan sobre la vida y la muerte y, principalmente, toman a los humanos como blanco de sus despotriques. “Sin armas, los hombres son unos inútiles”, dice uno de los gatos mientras mira un documental bélico.













