Paulo Londra, más emocional que nunca: sus hijas, la fe en Dios y otra manera de vivir el éxito
Paulo Londra recibe a Clarín con el mate en una mano y el termo en la otra. Una costumbre bien argentina para romper el hielo y las ganas de hablar de la música, pero también de todo lo que pasa fuera del estudio. A los 28 años, después de atravesar un conflicto legal que lo mantuvo alejado de los lanzamientos durante un largo tiempo, el rapero cordobés transita una etapa madura y creativa.
“Estoy en un momento muy emocional, muy alegre. Estoy muy confiado, muy tranquilo”, dice al comienzo de la charla con este diario, después de acomodarse en el medio de un sillón grande en una de las salas de Dale Play.
Tiene nuevas canciones por delante, disfruta de sus tres hijas y de su familia y asegura que hoy puede vivir su carrera con otra tranquilidad. Como si después de tanto ruido hubiera encontrado la manera de volver a lo esencial. El presente lo encuentra de estreno con entre CIELOS, su nuevo álbum de estudio, que reúne diez canciones y propone una sonoridad más festiva, con influencias de los años 2000.
La imagen del cielo despejado que luce la tapa del disco combina con cómo se siente interiormente. “Me siento como un cielo despejado y siento que la música para mí simboliza eso”, explica.
Durante esta etapa, cuenta que siente menos peso sobre los hombros, más ganas de probar cosas nuevas y la intención de disfrutar el camino sin vivir pendiente de lo que viene después.
Para entender lo que significa este presente hay que revolver un poquito lo que pasó algunos años atrás. Londra pasó de convertirse en uno de los nombres centrales de la música urbana latinoamericana, con éxitos como Adán y Eva, Tal vez y Nena maldición, a quedar atrapado en un conflicto contractual con sus antiguos socios del sello discográfico Big Ligas, el productor Ovy on the Drums y el empresario Kristo.













