Olivera & Corman: Hollywood en Argentina, la sociedad que potenció el cine clase B, diez películas y un David Carradine golpeado por el alcohol
Los años '80 fueron testigos de una alianza excepcional entre un reconocido director de cine argentino, Héctor Olivera (La Patagonia rebelde, No habrá más penas ni olvidos), y el denominado Rey de la Clase B del cine estadounidense, Roger Corman (La caída de la casa Usher, El cuervo).
David Carradine, John Schneider o Barbi Benton compartieron set con Federico Luppi, María Socas o Veronica Llinás en películas de fantasía, policiales y de acción de bajo presupuesto filmadas en la Argentina. Y los directores José Tripodero (44) y Martín Cataldi (45) desarrollaron un documental de inminente estreno que retrata aquella asociación única: Olivera & Corman: Hollywood en Argentina.
En un país que ya comenzaba a dejar atrás la última dictadura y estaba a las puertas del alfonsinismo, la situación monetaria era propicia para una producción extranjera. El director Alejandro Sessa habría conocido a Roger Corman en el Festival de Cine de Manila, y fue el enlace que posibilitó la asociación beneficiosa tanto para el legendario productor estadounidense como para la productora argentina de Olivera.
Las coproducciones con los Estados Unidos no eran algo nuevo en el país: ya había habido casos como Pampa bárbara (1945) de Lucas Demare y Hugo Fregonese, Martín el gaucho (1952) de Jacques Tourneur o Los traidores de San Ángel (1967) de Leopoldo Torre Nilsson. Pero aquellos siempre habían sido casos aislados; nunca antes ni después se había hecho una de manera tan sostenida en el tiempo.
Aries, la productora fundada en 1956 por Héctor Olivera y Fernando Ayala, mantenía el modelo de un viejo estudio de cine en una época en que ya casi se había extinguido esa manera de hacer películas. Para ello, se mantenía principalmente con proyectos comerciales como el cine protagonizado por Olmedo y Porcel (Los caballeros de la cama redonda, Los doctores las prefieren desnudas), mientras en paralelo desarrollaba obras más personales, tanto de ellos como de otros directores, como El jefe (Fernando Ayala, 1958), La Patagonia rebelde (Héctor Olivera, 1974) o Tiempo de revancha (Adolfo Aristarain, 1981).
En la otra punta del continente, Roger Corman, que le llevaba sólo cuatro años a Olivera, comenzó a ser reconocido por manufacturar películas de género de bajo presupuesto hechas en tiempo récord y en cantidades masivas, llegando a lanzar un promedio de entre nueve a diez por año en su época de mayor productividad.













