Estrenos de cine: Hugh Jackman encarna a Robin Hood en una impactante y sangrienta versión de la leyenda


"Un hombre libre que defiende su hogar es más poderoso que diez soldados a sueldo". La frase que Kevin Costner pronunciaba como Robin Hood en la película de 1991 condensaba buena parte de la imagen que el cine construyó alrededor del personaje: un rebelde carismático, hábil con el arco, enemigo de los poderosos y capaz de convertir la aventura en una forma de justicia. Pero el Robin Hood que encabeza los estrenos de cine argentinos este jueves 20 de agosto es otro.

En " La muerte de Robin Hood", Hugh Jackman interpreta a un hombre que ya atravesó su época de gloria. Herido de gravedad después de una batalla, carga con una larga historia de crímenes y asesinatos y termina refugiado en un castillo, donde la hermana Brigid (interpretada por Jodie Comer) intenta curarlo. Allí comienza algo menos parecido a una aventura medieval que a una última oportunidad de revisar una vida. Según la sinopsis oficial, Robin “intenta lidiar con sus demonios tras una larga vida de crímenes y asesinatos”.

La película, dirigida por Michael Sarnoski (responsable de "Pig" y "Un lugar en silencio: Día uno"), toma como punto de partida la balada del siglo XVII sobre la muerte de Robin Hood y busca imaginar qué pudo haber detrás de ese episodio. No hay aquí un aventurero galante que atraviesa el bosque de Sherwood entre flechas y bromas, sino un personaje atravesado por la violencia, el arrepentimiento y la pérdida. “Esta película se convirtió en mi exploración de algo que me había acompañado desde pequeño”, explicó Sarnoski en una extensa entrevista con La Tercera.

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La leyenda de Robin Hood siempre fue suficientemente flexible como para sobrevivir a los cambios de época. En más de un siglo de cine, el personaje pasó de acróbata de película muda a héroe Technicolor, de galán crepuscular a protagonista de una comedia absurda y, ahora, a un hombre que contempla el final de su propia historia.

Sarnoski quiso partir justamente de esa zona menos explorada. “La versión clásica de la leyenda de la muerte de Robin Hood siempre me pareció un poco simplista, como si los personajes estuvieran pintados en blanco y negro, uno era bueno y el otro era malo”, explica.

Su interés estaba en imaginar la intimidad de los últimos momentos del personaje y, sobre todo, en quitarle la condición de estatua al héroe. “Era muy importante humanizar a estos personajes y explorarlos en todas sus complejidades y contradicciones”, sostiene.

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