Tate McRae cerró Lollapalooza Chicago 2026 y será difícil bajarla de la cima del pop
El domingo en Lollapalooza no esquiva la sensación que a todos nos trae un domingo por la tarde: siempre irrumpe con una mezcla de euforia, nostalgia y ganas de que no llegue el lunes. Es el último día y todos lo saben.
El público camina distinto, se queda más tiempo en cada escenario, aprovecha cada minuto como si supiera que son los últimos. Porque lo son, hasta el año que viene. Las condiciones climáticas mejoraron y el sol salió para las últimas horas de la tarde.
La cuarta jornada del festival no fue la excepción en lo que a calidad artística respecta y tuvo, además, algo que las anteriores no habían tenido: una consagración.
El primer plato fuerte de la tarde llegó con el hardcore punk de Turnstile, la banda oriunda de Baltimore, Maryland, formada en 2010. Con el atardecer de fondo dieron un show explosivo, hecho pura y exclusivamente para y por sus fanáticos, quienes armaron un pogo gigante que ocupó buena parte del espacio frente al escenario.
Hubo carteles graciosos improvisados con celulares, juegos con las cámaras de las pantallas gigantes y, también, espacio para algo más: reclamos contra el racismo y otras causas globales que se colaron entre la energía del hardcore como recordatorio de que la música siempre tuvo algo para decir más allá de sus acordes.
La banda cerró con el sol dejando atrás sus últimos rayos. Fue una despedida perfecta para el atardecer. Y un gran show para conocerlos.













